martes, 14 de agosto de 2012
Solo un parpadeo.
Esta entrada estaba planeada desde hace mucho, para un sueño que tuve como hace... 6 meses tal vez. Hoy me dieron ganas de escribir, y esas ganas se triplicaron después de cierta cosa que pasó en la noche, y se me vino a la mente este sueño. Tal vez los detalles estén borrosos, pero la esencia sigue ahí. Como ya he escrito sueños me gustaría escribirlo en primera persona para variarle un poco (nunca he escrito en primera persona, a ver que tal). Ahora, a darle átomos.
Son las 12 de la noche y una noche perfecta está tendida sobre nosotros. Me encuentro en mi escuela disfrutando de una hora libre mientras los pasillos están llenos de alumnos corriendo hacia sus clases. No encuentro nada de esto extraño, pues esto es lo considerado normal en este mundo.
Camino lentamente por un pasillo al aire libre, en el tercer piso de un edificio desconocido para mi, pensando en cosas de las que uno solo piensa en sueños y diviso a una cara amiga a la distancia entre la muchedumbre. Javier me saluda y me dice algo, que en realidad se que no tiene mucha importancia y simplemente concuerdo con el; es la forma más fácil. Tenemos una pequeña charla, decimos un par de chascarrillos y cada quién sigue con su camino; ni siquiera en sueños la movida vida del estudiante descansa.
El tiempo se pierde a mi alrededor y, sin saber como, llego a una especie de torre de 5 pisos, junto a una torre exactamente igual, y noto que hay algo raro en el ambiente. Hay gente, si, pero todas las pláticas terminaron súbitamente y un escalofrío me recorre la espalda. No me gusta para nada.
En mi caminata sin rumbo regreso a donde empecé y veo a un gran grupo de gente rodeando algo que despide una especie de brillo. Asomo mi cabeza entre ellos, es fácil después de todo, y veo que están viendo una televisión.
Aprecio la imagen de una conductora de un programa de noticias se mueve dentro de la pantalla y diviso unas letras pequeñas abajo, moviéndose con demasiada rapidez. Demasiado rápido para que yo pueda leer lo que dice, de cualquier forma. Le pregunto a Javier que cual es el gran alboroto y solo alcanzo a discernir la palabra guerra de entre todo lo que dijo. Extraño.
Siguiente escena y nos encontramos en una gigantesca planicie rodeada de montañas, que se extiende hasta donde el ojo puede ver. Si tuviera que describirla sería como estar en medio de la Ciudad de México, y qué esta nunca hubiera tenido ningún tipo de edificación. Estamos justo en medio de ella. Digo estamos porque me acompañan todas esas personas sin rostro a las que vi con anterioridad en los edificios, en medio de un conjunto de casas de un piso que rodean a una especie de zócalo con forma redonda. En medio del zócalo se encuentra una fogata y alrededor de esta hay sillones apilados en todas direcciones.
Yo me encuentro acostado en uno de estos sillones, viendo el fuego bailar frente a mi abrumado por la nostalgia de algún recuerdo que nunca existió, y un poco después, cuando alzo la vista veo un punto brillante a la distancia, a cientos de kilómetros de donde me encuentro, que va creciendo en tamaño hasta alcanzar la forma de un hongo. Un hongo hecho de fuego, y más brillante que el sol en su más brillante día.
Todos sabemos lo que esto significa y sin embargo simplemente nos limitamos a contemplar en silencio, pues sabemos que en cualquier momento podría ser nuestro turno, y en realidad no es una cosa que nos pudiera molestar.
Momentos después la dosis se repite, esta vez un poco más cerca qué la locación anterior.
El brillo comienza de nuevo acercándose cada vez más.
De nuevo.
Y de nuevo.
Y de nuevo.
Despierto.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario